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Todas las personas estamos dotadas de una conciencia moral. Además, solemos pensar que si algo es bueno o malo, lo es para cualquier persona en cualquier lugar. Sin embargo, la interacción con miembros de otras culturas, los dilemas propios de sociedades interculturales y los retos diarios de la convivencia con otras personas nos confrontan en muchas ocasiones con una realidad: el desacuerdo moral. Todos parecemos saber por qué lo bueno es bueno y lo malo es malo, hasta que tratamos de justificarlo. ¿Significa esto que estamos condenados a vivir en una especie de torre de Babel respecto de las cuestiones morales?¿Podemos distinguir y reconocer buenas razones morales, compartibles o universales? Y, si es así, ¿cómo podemos encontrar criterios válidos para todos? Si se aceptan los límites de la razón a la hora de justificar nuestras creencias morales, ¿quedarían alternativas viables o sólo podríamos construir "éticas" a la medida de cada sociedad? Esta obra ofrece un análisis crítico y detallado de las respuestas que se han dado a estas preguntas desde las distintas posturas filosóficas, haciendo especial hincapié en aquellas menos conocidas de la filosófica actual que abogan por dar un lugar a la dimensión emocional del ser humano, también en las cuestiones morales. Esta obra ahonda en otras propuestas viables que incluyen tanto el elemento racional como el emocional en la identificación de criterios de validez moral. Teniendo en cuenta fuentes filosóficas y psicológicas, y sin olvidar que el sistema emocional es un sistema evaluativo universal, la autora propone profundizar en el potencial de las emociones básicas como herramientas de comunicación útiles a la hora de resolver problemas relativos a la racionalidad práctica, pudiendo así ir más allá de las dicotomías clásicas como razón-emoción, objetivismo-subjetivismo, o racionalismo-emotivismo.