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El texto arranca con don Juan y don Luis, en presencia del comendador, recapitulando cuál de los dos ha ganado una vieja apuesta amorosa. Don Luis no reconoce del todo su derrota y, llevado por la ira, acepta el reto que le lanza don Juan de conquistar a su prometida, doña Inés. El Tenorio cumplirá su amenaza. Despechado, don Luis, en compañía del comendador, decide acudir al encuentro de don Juan, que da muerte a ambos para, a continuación, huir. Pasados cinco años regresa para descubrir que doña Inés ha muerto. Mientras se lamenta, la sombra de ésta aparece y le advierte de que si realmente quiere morir tranquilo debe arrepentirse de sus fechorías. Dispuesto a ello, invita a cenar a Centellas y Avellaneda. Durante la velada se presenta el espectro del comendador, que sus dos invitados interpretan como una burla de don Juan. En la escaramuza que sigue, don Juan mata a Avellaneda y Centellas le mata a él. Es entonces cuando empieza a arrepentirse, ya muerto. El mito de Don Juan Tenorio se enmarca en pleno Romanticismo. En su obra, José Zorrilla recoge toda una tradición donjuanesca y la adereza con elementos religiosos y románticos, consiguiendo hacer de su personaje un arquetipo humano cuyas características difícilmente pueden ser imitables sin caer en la versión o en el plagio. Don Juan Tenorio se convierte en referencia de un modelo de hombre enfrentado a la muerte y al amor, a la castidad y a la pasión, en el que priman los sentimientos frente a la racionalidad, con todos sus excesos y defectos. Don Juan puede llegar a ser el más calavera, ruín y libertino pero también el más enamorado de los caballeros.