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Madrid fue para Joaquín Dicenta su hábitat natural, la ciudad del frenesí periodístico, de la vida teatral, del conflicto social, político y literario, de la bohemia. Estar lejos le asfixiaba. Pero esto no le impidió viajar por tierras y mares españoles o por la misteriosa Bretaña. Lo hizo por variadas razones: el periodismo, el teatro, su afán de aventura, sus amoríos, la búsqueda de un retiro para escribir o de un saludable cambio de aires. En estos viajes encontró tipos, situaciones y espacios que trasladó a sus obras. También motivos para sus columnas periodísticas, muchas recopiladas luego en volúmenes con apariencia de libros de viaje. Crónicas viajeras presenta una selección de estos libros donde el viajero observador huye de la mirada ociosa del turista y de la función decorativa de la crónica modernista para mostrar la nota crítica, las zonas inesperadas, la dura realidad social. Y también su propia voz, su estado de ánimo. Escritos que reflejan la crisis de la representación de lo real en un cambio de siglo donde realismo, simbolismo y modernismo conviven, convirtiéndose así en un legado de la literatura social de viajes y en un eslabón de la compleja cadena literaria de la Edad de Plata. Joaquín Dicenta (Calatayud, 1862-Alicante, 1917) es un nombre esencial para conocer la dramaturgia, el periodismo y la literatura social de entresiglos. Entre sus grandes aportaciones al teatro social destaca Daniel (1907), aunque sin duda su gran éxito fue Juan José (1895). Además nos dejó centenares de cuentos y novelas. Este hombre bohemio y vitalista, a la vez que trabajador infatigable, considerado por Ramón Pérez de Ayala como «el último de nuestros románticos», compaginó su creación literaria con una frenética actividad periodística. El periodismo era para él medio de sustento, plataforma de proyección y altavoz de su ideario democrático, republicano y socialista. Fue redactor en El Mundo y El Resumen, director de La Democracia Social, El País y Germinal o colaborador en Heraldo de Madrid, Vida Galante, La Época o El Liberal. Y será en la prensa donde nos dejará en forma de crónicas las impresiones de sus experiencias viajeras, atravesadas siempre por su mirada comprometida y crítica. Muchos de aquellos artículos vieron su vida prolongada por el autor en recopilaciones que dieron contenido a los seis volúmenes que publicó como libros de viaje: Espumas y plomo (1903), De piedra a piedra (1905), Desde Los Rosales (1906), Por Bretaña (1910), Mares de España (1913) y Bajo los mirtos (1916). De estas ediciones se presenta una selección de textos en Crónicas viajeras.